Trabajo garantizado contra renta básica universal

Las falacias del debate entre trabajo garantizado contra renta básica universal


“En esta sociedad de obligación, cada cual lleva consigo su campo de trabajos forzados… Así uno se explota a sí mismo, haciendo posible la explotación sin dominio”
(B.C. Han, 2012, La sociedad del cansancio).

En la era de la globalización subyace una idea de la que nadie habla, el elefante en la habitación: la era de la explotalización, y en la que surgen ‘lógicamente’ recetas económicas cocinadas con ingredientes tóxicos como la del Trabajo Garantizado (TG), alta economic cuisine que pretende rivalizar en sabor y nutrientes con la sopa boba que sus chefs atribuyen al menú de la Renta Básica Universal (RBU), para ellos vil ‘ingreso garantizado’.

Hasta ahora se ha aceptado acríticamente y sin discusión que las propuestas de Trabajo Garantizado y Renta Básica Universal pueden ser comparables, ya sea para analizar sus complementaridades o sus antagonismos. Lo cierto es que no tiene ningún sentido económico compararlas. Como la tortilla de patatas y el gazpacho con la hamburguesa y la cocacola. O el jamón ibérico con el jamón york.

De hecho el mayor interés por la comparación (falaz) ha surgido desde el enfoque del TG contra la RBU. Y así, lógicamente, la propuesta de TG se descalifica sola, revelando lo que realmente es, un fraude intelectual que debería llamarse TG-EG (trabajo-garantizado-explotación-garantizada).

O si se quiere ser más preciso y huir de los eufemismos, entonces sería la propuesta del ejem/ejem: empleo-justo-explotación-masiva, empresario-jubiloso-empleado-machacado.
Conviene subrayar una vez más que al menos los teóricos de la RBU son honestos y son conscientes de las limitaciones de su propuesta, que ha de integrarse en un plan de transformación social más amplio, siendo ésta fundamentalmente una medida de transición pacífica hacia una sociedad más justa.

Veamos el decálogo de falacias, críticas infundadas y condiciones del pretendido debate del TG contra la RBU.

1. No es posible compararlas porque no analizan las mismas realidades. Ni teórica ni empíricamente. Ni por sus causas ni por sus efectos. El TG se centra en conductas individuales basadas en el fetichismo del dinero y el empleo, equiparando la RBU a una mera demanda idiota y pueril de ‘garantía de ingresos’. En cambio, lo cierto es que la RBU surge del estudio de relaciones sociales a partir de las categorías de análisis científico del modo de producción capitalista.

2. Sus argumentaciones se realizan en planos diferentes. El TG es esencialmente una propuesta moral, sin ninguna teoría económica del valor, pese a su aparente retórica macroeconómica. Su interés real es la defensa ideológica de su pretendido derecho a odiar a los pobres. Mientras que la corriente de RBU más avanzada la entiende como una medida económica redistributiva sostenida en la teoría laboral del valor y el método dialéctico.

3. La crítica que supuestamente se hace desde el TG a la RBU no existe, es ficticia, puesto que el TG no debate sobre ninguno de los conceptos que definen a la RBU, ni siquiera en su versión más débil. No dice nada de su carácter universal ni de su carácter individual ni de su carácter incondicional. Discute sobre un concepto desnaturalizado, vacío de contenido, inexistente e irreal que nadie reclama. Lo mínimo que puede esperarse de un debate académico honesto y no tendencioso es no caricaturizar el objeto o tema de nuestro estudio.

4. Respecto al carácter universal. No dice nada porque la restringe a una aplicación selectiva orientada al colectivo de desempleados (enfrentados contra los asalariados monopolistas del empleo). Equiparándola a los subsidios y las ayudas sociales. Desde la óptica del TG lo único que se concibe como universal es la mercantilización del trabajo.

5. Respecto al carácter individual. Tampoco dice nada debido a su ceguera microeconómica deliberada sobre la misma, derivada de su ausencia de una economía política de la pobreza y la desigualdad, sustituida por una concepción moralista de ellas. Se refugia en un análisis agregado supuestamente aséptico y libre de todo prejuicio para ocultar su carencia fundamental (por lo que se apoya como un clavo ardiendo, sin reconocerlo, en la teoría neoliberal del capital humano).

6. Respecto al carácter incondicional. Ni lo contempla. Toda su visión orbita alrededor de un agente, el Estado y una finalidad innegociable: el empleo. No reflexiona, ni le interesa hacerlo, sobre la posibilidad y necesidad de superar la relación salarial. Al ignorar la teoría laboral del valor, ignora también sus consecuencias, como la explotación. Y si no concibe la explotación, tampoco tiene sentido la incondicionalidad de la RBU, esto es, cubrir las necesidades básicas al margen del mercado de trabajo (privilegio sólo al alcance de unos pocos, rentistas y acaudalados propietarios).

7. Desde el TG se criminalizan con furor los fines que persigue la RBU, cuestionando su innecesaria reflexión sobre la financiación y ocultando, así, la violencia de los medios que el TG propone (la explotación garantizada) para lograr aparentemente los mismos efectos que la RBU. Comparte de este modo el espíritu posmoderno neoliberal que contribuye al déficit de libertades y democracia y al populismo punitivo.

8. La Teoría Monetaria Moderna (TMM) que da sustento al TG y a la figura del ‘Estado empleador’ se basa en la teoría del capital humano característica del paradigma neoliberal, que concibe el trabajo no como una relación social de clases en conflicto sino como una conducta racional individual regida por el principio de la maximización de beneficios. Nada que ver con la orientación anticapitalista de las concepciones de RBU más radicales y revolucionarias.

9. La óptica del TG no plantea ninguna reflexión feminista, ningún debate sobre el trabajo de cuidados y otros trabajos no remunerados. Tampoco sobre cómo garantizar la corresponsabilidad de los hombres en los trabajos de cuidados.

Tampoco discute sobre la precariedad laboral y la desvinculación progresiva entre tener trabajo y cobrar un salario cada vez menor. Su lógica empresarial sólo le permite ver la educación pública como el departamento de recursos humanos de las empresas y, por otro lado, ver el desempleo como un déficit de políticas de activación del empleo, de falta de espíritu emprendedor, de insuficiente inversión en empleabilidad y movilidad.

10. Ignora también la ley de la tendencia al descenso de la tasa de ganancia, lo que implica una explotación creciente y destrucción de la fuerza de trabajo. Haciendo inviables e incompatibles la orientación de clase del Estado (burgués) y su omnisciente cobertura de empleo garantizado. O una cosa o la otra, pero no ambas. O se tiene soberanía monetaria o no se tiene, pero no las dos a la vez.

El supuesto debate del TG se realiza desde un ángulo muerto, desde el que es imposible ver nada, el ángulo del Estado-nación soberano y emisor de su propia moneda. En un mundo en el que la mayor parte del dinero que circula es dinero bancario. La teoría monetaria moderna deviene en teología monetaria anticuada.

Estas falacias se cierran en dos, la superioridad moral del TG sobre la RBU y el vaciamiento del carácter macroeconómico innegable e indiscutible de la RBU. Con estas premisas el debate ya está servido, la conclusión ya alcanzada y el intrusismo plenamente garantizado.

¡Ale, a comer! Disculpen, me retiro un momento, que me entra la tos, ejem…, ejem…

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/laplaza/debate-trabajo-garantizado-renta-basica-universal#